domingo, 26 de julio de 2015

Toda ésta noche ha sido molesta,  sentía mis piernas muy pesadas,  las he movido muchísimas veces para que no se mueran.
Si,   a veces siento que no reaccionan.  
Desperté y sentí que no funcionaban,  trate de caminar y parecía un robot y al pisar me duele como una sensación de tener miles de miles de clavitos que traspasan.  Tengo que sostenerme de las paredes para llegar al baño.  Tengo miedo,  no quiero dejar de caminar,  luego empieza a mejorar a medida que sigo dando pasos,  pero es doloroso mantenerme parada. 
He vuelto a la cama y  empieza la sensación de ardor y hormigueo,  la cabeza me pesa y no tengo ánimo.  Lucho nuevamente y me paro,  voy a la cocina a preparar algo de comer y trato de no quejarme,  así que preparo algo rápido y sencillo en silencio.  Cualquiera que me mire no creería que estoy sufriendo de dolor y que lo único que  deseo es terminar y regresar a la cama. 
Hoy no he saludado a mis canarios.  Afuera el día está triste,  no hay suficiente sol,  veo los manzanos volar con el viento.  
Los tobillos arden como si tuviera una mordaza alrededor.  
Tomo mi tableta y miro fotos de los amigos.  Esto me distrae de pensar e  el incómodo dolor,  a veces es inexplicable la sensación que produce,  sólo está allí. 
Hoy no podré ir a mi reunión,  así que con mi esposo la preparamos.
Cada día es inexplicable,  ayer pude hacer muchas cosas,  estaba normal,  es lo bueno,  que no es difícil todos los días.
Han pasado las horas,  escuchamos la reunión,  mi esposo fue al trabajo,  conversé con una querida amiga de Guayaquil,  María.  Nos animamos mutuamente.
Sigo en cama de vez en cuando me levanto y camino.  El ardor
no me ha dejado ni un solo momento.
Quizá mañana pueda correr un poquito.  Son los sueños nada más.. 

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